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Forrest Gander fue una de las figuras de la pasada Feria del Libro cruceña. El autor estadounidense ganó el prestigioso Premio Pulitzer en poesía el año pasado por su libro Twice alive. Además, Gander es traductor (junto a su amigo Kent Johnson) de la poesía de Jaime Sáenz. Su obra se ha traducido en México, en España y en Chile. Se ha traducido muy poco, dice, pero le parece bien, “porque en EEUU las fuerzas siempre están dominando todos los otros países y es tiempo de recibir lo que los otros países tienen que ofrecernos”, mencionó. EL DEBER tuvo unos minutos para entrevistarlo en su estadía en Santa Cruz.

¿Cómo conoció la obra de Jaime Sáenz?

Por mi amigo Kent Johnson, quien vivía en Montevideo, Uruguay. Descubrir su poesía me tocó muchísimo, profundamente. Y ahora, en Estados Unidos, después de nuestras dos traducciones he notado un entusiasmo hacia la obra de Saenz en varias partes del país. Hay mucha atención en Sáenz, y en mi libro nuevo, que se llama Twice alive, no menciono a Sáenz pero sí a Julio de la Vega, su libro Temporada de líquenes influyó en el mío. Ambos están enfocados en la intimidad y los líquenes.

¿Qué es lo que le interesó de la obra de Sáenz?

Su voz. Su voz de meditación. También me gusta que no estaba obligado a seguir modelos racionales en su literatura. Es un poeta visionario. Y cuando dice “tú” en sus poemas, se está refiriendo a la ciudad de La Paz, a la muerte, a la amante. También se refiere a todos los “tú” dentro de cada persona, porque para él una persona contiene a todos.

También ha traducido a otros autores latinoamericanos ¿Qué le interesa de la poesía de esta región que quizás no encuentra en la de su país?

Hay otras formas de ritmo, de imágenes, de sonidos, que no tenemos en los Estados Unidos. Hay una energía en la poesía de América Latina que necesitamos en los Estados Unidos. Hay otra tradición aquí.

¿Conoce a otros autores bolivianos que le gusten?

Nicómedes Suárez es un poeta muy interesante. Eduardo Mitre. también me gusta.

¿Qué significó para usted un premio como el Pulitzer?

Obviamente es un honor muy grande. Cambió el interés internacional hacia mi propia obra. Al mismo tiempo era muy raro, porque recibí un premio muy grande por un libro que es sobre el luto. Estaba dedicado a mi esposa, que se murió. Fue muy difícil porque no pude compartir mi alegría con la única persona con la que me hubiera encantado hacerlo. Es complejo, pero ella estaría muy orgullosa de mí.

¿En qué lugar colocaría su poesía dentro de toda la literatura de Estados Unidos?

Tengo un interés, como muchos poetas en el mundo ahora, en la ecología, en los desastres naturales que estamos viviendo actualmente. En ese trayecto me puedo considerar un ‘ecopoeta’, pero otras personas me llaman ‘poeta experimental’, aunque esa expresión no me gusta, porque creo que todo el arte importante toma riesgos. Tengo mucho interés en explorar y expandir lo que yo sé. Por eso todos mis libros son diferentes, porque no quiero repetir lo que puedo hacer.

Es difícil no repetirse…

Sí, pero siempre estoy buscando autores en otros lugares que no siempre repiten sus trabajos.

¿Qué autores le han influenciado bastante a lo largo de su carrera literaria?

Raúl Zurita es uno. Su poesía también toma muchos riesgos. De alguna manera es experimental y al mismo tiempo está llena de emociones y muy accesible para todos. Por supuesto Nicanor Parra, que era, igual que yo, ingeniero geólogo. Parra cambió la trayectoria de la poesía en América Latina después de Neruda. Acá en Bolivia, Jaime Sáenz, sin duda; también Julio de la Vega.

¿Por qué decidió estudiar Geología?¿Llegó a ejercer?

Yo soy el único hombre en mi familia. Mi padre se fue cuando yo era joven. Tengo dos hermanas y mi madre falleció hace dos años. En ese entonces tenía un sentido de responsabilidad, por eso, estudiando Geología, pensé que podría encontrar un trabajo muy responsable. Después de salir de la universidad contraje cáncer, fue muy serio. Cuando estaba en el hospital, pensando en la posibilidad de no tener una vida muy larga, decidí que lo que quería hacer más que nada en la vida era escribir. Y cuando recuperé mi salud me fui a California para estudiar poesía en San Francisco, donde hay una comunidad muy famosa de poetas.

Por eso también me interesa el término ‘ecopoesía’, porque tenemos que prestar atención al mundo en que vivimos, y lo que me enseñó la Geología fue cómo mirar de dos maneras. Hay que saber mirar la situación en grande: las montañas y las estructuras, pero al mismo tiempo no sabés nada hasta que entiendes lo que pasa en las estructuras cristalinas microscópicas. Y es e también es un modo de escribir, es mi modo de pensar: pasando por esos dos modos.



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